Días después de las Jornadas de Extranjería celebradas en Almería, donde nos reunimos más de 500  profesionales —abogados, graduados sociales, gestores y técnicos especializados—, sigo dándole vueltas a las conclusiones que me traje de allí.

Y no solo desde el punto de vista técnico, sino también desde el humano, el profesional y, también desde el político.

Lo que voy a escribir es información, pero también opinión.

Porque cuando uno trabaja todos los días con la realidad de la extranjería, con personas que dependen de decisiones administrativas para poder vivir, trabajar o reunirse con su familia, llega un momento en que no basta con repetir lo que dicen los borradores: hay que decir lo que está pasando de verdad.

Compañerismo, competencia sana y ganas de mejorar

Lo primero que me llevo de Almería es el grado de compañerismo que existe en este sector.

Somos competidores, sí.
Pero también somos profesionales que sabemos que hay trabajo para todos y que cada cliente acudirá a quien le genere más confianza, porque cada despacho trabaja de una manera distinta, tiene una forma distinta de comunicar y conecta con personas diferentes.

La competencia, cuando es sana, nos obliga a mejorar.
A estudiar más, a estar al día, a organizarnos mejor, a ser más eficientes.
Y eso, en un mundo tan cambiante como el de la extranjería, es imprescindible.

Las jornadas fueron muy enriquecedoras: compartir información, contrastar criterios, escuchar a jefes de oficina de extranjería que están en el día a día… eso sí aporta.

Lo que no aporta es la política cuando se convierte en espectáculo.

Política y pérdida de tiempo

Uno de los momentos más frustrantes de las jornadas fue la intervención de la Secretaria de Estado de Migraciones, Pilar Cancela.

No porque no sea importante que acudan representantes políticos.
Lo es.
Y mucho.

Pero solo cuando vienen a informar, a escuchar y a responder.

Lo que vivimos fue exactamente lo contrario: una hora de discurso político, sin datos concretos, sin fechas claras, sin respuestas, sin posibilidad de hacer preguntas… y robando tiempo a mesas técnicas que sí estaban aportando información útil.

En un congreso de profesionales, lo que se espera es información, no un mitin.

No se dijo cuándo saldrá definitivamente la norma.
No se aclaró el calendario.

No se concretó el procedimiento.
No se permitió preguntar.

Y eso, en un momento en el que miles de personas están pendientes de una regularización extraordinaria, no es serio.

La frustración no la generan los profesionales, la genera la mala gestión

Durante su intervención se habló de “frustración”.
No sé si refiriéndose a los profesionales, a los funcionarios o a las personas extranjeras.

Pero la frustración no aparece sola.
La frustración se genera cuando se anuncian cosas que luego no se pueden cumplir.

Si se dice que habrá admisiones en 15 días, pero no hay medios para hacerlo…
Si se dice que será un procedimiento preferente, pero no se refuerzan las oficinas…
Si se promete rapidez, pero no se organiza la gestión…

¿Quién se frustra?

Primero, las personas extranjeras, que creen lo que oyen.
Después, los profesionales, que tienen que dar explicaciones.
Después, los funcionarios, que no tienen medios suficientes.

Y al final, todos.

La causa no es el sistema.
La causa es anunciar sin planificar.

Sí a la regularización, pero no a este desorden

Quiero dejarlo claro:
la regularización extraordinaria me parece necesaria.

Trabajo cada día con personas que llevan años en España, trabajando, viviendo, criando hijos, y que siguen en situación irregular porque el sistema no les da salida.

Pero que la medida sea necesaria no significa que la organización esté siendo buena.

Todo lo contrario.

En este momento hay varios borradores circulando, versiones en Word que se envían para pedir opinión…
pero luego no se escucha ni a los profesionales ni a los funcionarios de extranjería que llevan años gestionando estos expedientes.

Y eso es un error enorme.

Porque quienes conocen la realidad son los que están en las oficinas,
los que revisan expedientes,
los que resuelven recursos,
los que ven cada día dónde falla el sistema.

No contar con esa parte técnica es un despropósito.

Y lo que estamos viendo es exactamente eso.

Más trabajo… pero para quien no tiene experiencia

Otra decisión difícil de entender es que se pretenda implicar en el proceso a organismos que no tienen experiencia en extranjería, mientras se sigue sin reforzar a quienes sí la tienen.

Se habla de que participen oficinas de Seguridad Social, Correos, ONG, asociaciones, incluso cualquier entidad que pueda colaborar en la recepción de documentación.

Mientras tanto, las oficinas de extranjería siguen con falta de personal,
y los profesionales que llevan años presentando expedientes telemáticamente ven cómo cambia el sistema sin una explicación clara.

El resultado será el de siempre:
errores, requerimientos, recursos…
y todo acabará volviendo a las oficinas de extranjería y a los despachos.

Pero con más retraso.

El desprecio al trabajo del autónomo y del profesional

Otro momento especialmente desafortunado fue cuando se insinuó que los profesionales están cobrando por adelantado por asesorar sobre una ley que aún no ha salido.

Eso demuestra no conocer cómo funciona el trabajo real.

Preparar expedientes no es improvisar.
Implica estudiar casos, revisar documentos, escanear, organizar, crear sistemas, formar equipo, invertir tiempo y dinero para poder responder cuando la norma entre en vigor.

Eso no es un “mercado persa”.
Eso es gestión.

Los autónomos y pequeños despachos vivimos de hacerlo bien,
de organizarnos,
de anticiparnos,
de ser eficientes.

Y cada vez es más difícil emprender en este país.

Lo digo con pena, porque siempre me he considerado una persona de izquierdas.
Pero ver cómo se trata al autónomo, cómo se le carga de impuestos, de obligaciones y de incertidumbre, mientras se toman decisiones sin escuchar a quienes están en el terreno, produce una enorme vergüenza ajena.

Así no se construye un país fuerte.
Así se consigue que cada vez más gente se plantee irse.

El colofón: no se permiten preguntas

Lo más llamativo de todo fue el final.

Después de una hora de discurso político,
no se permitió hacer preguntas.

En unas jornadas técnicas.
Con cientos de profesionales.
En medio de una reforma que afecta a miles de personas.

Fue la única intervención de todo el congreso en la que no se admitieron preguntas.

Y eso dice mucho.

Porque cuando uno está seguro de lo que hace, escucha.
Cuando no lo está, evita que le pregunten.

Lo que sí sabemos de la regularización (de momento)

A falta de texto definitivo, lo que se comenta entre oficinas y profesionales es que el nuevo proceso podría incluir:

  • Entrada en España antes del 1 de enero de 2026 y permanencia mínima de 5 meses.
  • Plazo de solicitud hasta el 30 de junio.
  • Acreditación de permanencia con pasaporte y otros medios de prueba.
  • Certificados penales obligatorios, con valoración caso por caso.
  • Resolución por una unidad específica (UTEX).
  • Prioridad para solicitudes telemáticas.
  • Posible exclusión de quienes estén en estancia o residencia legal.
  • Posibilidad para solicitantes de asilo si lo pidieron antes de 2026.

Y también algunas novedades del nuevo reglamento que sí parecen consolidarse:

  • Familiares de españoles podrán solicitarlo desde España.
  • Autorización provisional para trabajar con la admisión a trámite.
  • Derecho a trabajar para solicitantes de arraigo sociolaboral desde la admisión.

Todo esto está por confirmar.
Y ese es precisamente el problema.

Conclusión

Sí a la regularización.
Sí a mejorar el sistema.
Sí a dar soluciones reales.

Pero no así.

No sin organización.
No sin escuchar a los técnicos.
No sin reforzar las oficinas.
No sin respetar a los profesionales.
No sin permitir preguntas.

Porque la extranjería no se gestiona con discursos.
Se gestiona con medios, con experiencia y con sentido común.